Mónica Rivera 1972

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Mónica Rivera es socia de la firma López Rivera Arquitectos, que desde Barcelona desarrolla sus prácticas de arquitectura tanto en obra pública, a la que acceden a través de concursos, como dando respuestas a diversos encargos privados. La arquitecta Rivera ha desarrollado, además, su profesión en el campo editorial y en la docencia.

Mónica Rivera nació en Puerto Rico en el año 1972. Desarrolló su formación académica en Estados Unidos, allí estudió Bellas Artes y Arquitectura. En el año 1993 egresó como licenciada en arte y en 1994 como arquitecta en la Rhode Island School of Design. Obtuvo una Beca RISD. Algún tiempo después finalizó el Master de Arquitectura (M.Arch II) en Harvard University Graduate School of Design, en esa instancia con una Beca GSD.

Como parte de su experiencia profesional puede mencionarse que trabajó durante tres años en el estudio Architecture Research Office (ARO) en Nueva York.

En 1999 se muda a Barcelona, donde vive desde entonces. Allí trabajó durante un tiempo, desde el año 2000 hasta 2004, en la Editorial Gustavo Gili.

En el campo de la docencia también ha realizado aportes, como profesora invitada de la ESARQ (Escuela de Arquitectura) de la Universitat Internacional de Catalunya entre 1999 y 2002 y como profesora del tercer año de proyectos de diseño interior y espacio doméstico en Elisava Escola Superior de Disseny, Barcelona, entre 2001 y 2008.

En el año 2001 comienza a trabajar con el arquitecto Emiliano López, quien es además su pareja, y juntos conforman: López Rivera Arquitectos, cuya oficina se encuentra también en Barcelona, en el barrio del Raval. En el equipo participan otros arquitectos y algunos estudiantes. Su trabajo se caracteriza por proyectar e investigar a partir de diversos interrogantes y preguntas que les permiten crecer, pero a la vez detenerse en los aspectos que entienden como claves de cada proyecto. Con respecto a ello expresan:

Los proyectos que desarrollamos en el despacho no tienen una unidad formal, ni una unidad de método de estudio. Ante cada situación nos planteamos el método de investigación que creemos puede ser el más efectivo.

Frente a cada proyecto nos realizamos un exceso de preguntas que tal vez nos ralentice pero es el componente que nos hace trabajar con convicción y entusiasmo. La formulación constante de preguntas nos ha ido conduciendo a plantear resoluciones que, quizá, no eran las convencionales.

Trabajamos con las circunstancias intentando convertir las restricciones en oportunidades. Buscamos respuestas constructivas y conceptuales específicas para la realidad de cada proyecto, poniendo énfasis en el valor de lo cotidiano, la intervención discreta y arraigada al entorno y la claridad constructiva.

Los concursos de obras públicas le han dado oportunidad a López Rivera Arquitectos de desarrollar una parte importante de sus trabajos; con respecto a ello la arquitecta Rivera se refiere a la enorme responsabilidad y el gran privilegio que representa:

La reflexión pausada tiene que ver con disfrutar del privilegio de llevar a cabo una obra. Cuando comenzamos, hace años, yo estaba recién llegada de Estados Unidos donde los estudios de arquitectura pequeños y/o jóvenes tienen muy difícil acceso a proyectos de media y gran escala, y más aún si se trata de obra pública. Encontrarme a cargo del proyecto de un edificio siendo tan jóvenes me pareció en su momento algo excepcional. Poder proponer y dar forma al entorno me parecía un privilegio y una enorme responsabilidad.

En cuanto a sus modos de enfrentar los encargos, como metodología operativa, construyen maquetas de gran tamaño y escala, para que la cámara fotográfica puede meterse para realizar investigaciones con la luz real en el espacio interior, como primer paso para verificar el desarrollo del proyecto. Rivera se refiere a que en las prácticas que desarrollan tiene mucho valor la expresión de sus espacios habitados, que según la ella puede asociarse a algunas prácticas disciplinares de los años 50 y 60; y que representan actualmente la relación entre el arquitecto y el cliente.

Regresa una cierta tendencia a validar y exhibir esta cercanía al usuario sobre todo valiéndose de fotografías de los habitantes usando felizmente el espacio. Desde luego, es muy interesante ver los espacios con vida, donde los habitantes no quedan relegados al papel de cliente-que-hizo-concesiones, sino que al aparecer en las fotos parecen anunciar su conformidad con los resultados y su participación en la toma de decisiones, además de evidenciar que han sobrevivido el proceso de construcción y han mantenido buenas relaciones cliente-arquitecto/a como para posar.

Personalmente no me interesa este tipo de fotografía que realiza o dirige el arquitecto queriendo presentarla ante todo como una evidencia del éxito espacial-emocional: no puedo evitar asociarlas a un premeditado lenguaje publicitario-televisivo.

En cambio, me resultan de mayor interés las fotografías sobre las que el arquitecto no ha tenido control y que responden a la visión de otra persona ajena al proyecto, ya que desaparece la preocupación por mostrar el lado fotogénico del espacio y afloran preocupaciones e intereses que suelen estar en otra parte.

Entre sus trabajos pueden destacarse: el Hotel Aire de Bardenas (2007), los edificios de vivienda de protección oficial en Sant Andreu (Barcelona, 2007) y Gavà (2008), y los institutos de Educación Superior en Tona (2008) y Beguès (2011).

La arquitecta Mónica Rivera también aborda la relación entre espacio y usos, poniendo acento en que plantean sus espacios a partir de las múltiples posibilidades:

Siempre nos interesa pensar cuáles van a ser las relaciones entre espacio y uso, plantear cómo hacer algo que sea amable para ser usado. Anticipar la actividad que se genera en torno a cada elemento doméstico y poder proporcionar respuestas físicas que se acomoden a cada posibilidad de situación; analizar cómo un mismo elemento puede dar pie a más de un uso, y que esos usos no estén contenidos de manera evidente en la forma física de ese objeto o ese espacio sino latentes, propiciadas por sus condiciones físicas.

Como equipo han recibido distinciones nacionales e internacionales, como el premio FAD de arquitectura (2008), el Premio de Arquitectura Emergente AR (2008), el Premio de Jóvenes Arquitectos de la 10.ª Bienal de Arquitectura Española (2009), el Premio VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo (2010) y su trabajo más reciente, la Casa en Port de la Selva ha sido nominado al Premio FAD (2013) y a los Premios de Arquitectura 2013 de la provincia de Girona.

Mónica Rivera participa frecuentemente como crítica invitada en diferentes escuelas y como jurado en la Bienal de Arquitectura XI de Arquitectura de Puerto Rico (2009) y de los Premios FAD de Barcelona (2015). Además ha sido invitada en varias oportunidades a dar conferencias y exponer sus trabajos, puede mencionarse que el 5, 6 y 7 de mayo de 2015 ha dado conferencias en las escuelas de arquitectura de Córdoba, Granada y Sevilla en el marco del Aula Americana de Arquitectura en Andalucía 2014/2015, Arquitectura y Mujer en Iberoamérica.

Más información:

Página del estudio López-Rivera

Massad, Fredy, Entrevista a López Rivera Arquitectos, en Abcblogs, 22 de abril de 2013

Emiliano López y Mónica Rivera. Obra reciente, en Metalocus, 2014

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